No ha sido una,  han sido dos veces y en ambas con un resultado idéntico. El balance de los robos se lo he explicado ya tres veces, pero si es necesario se lo hago de nuevo: han desaparecido una bicicleta infantil, una escalera de mano propiedad de la comunidad y varias herramientas, entre ellas un destornillador eléctrico que acabábamos de adquirir.

 

Lo más sorprendente de todo es que tanto la empresa instaladora que ustedes enviaron como sus propios servicios de atención (telefónica) y de reclamación (también telefónica) reconocen que tienen identificado a este sujeto ya que, según dicen, han recibido numerosas quejas. ¿Están de cachondeo?

 

Ya es bastante indignante que te roben como para que, encima, topes una y otra vez con la indolencia y la cobardía de aquellos que deberían resolver el problema, es decir, sus operadores. Y digo que son unos cobardes porque se esconden en el anonimato que confiere la atención telefónica. Y digo que nos tendrían que resolver el problema porque son ustedes los que han enviado a esta empresa para instalar la línea.

 

Por todo ello, como último recurso les enviamos esta carta. Confiamos en que resuelvan este abuso y, o bien nos hagan llegar todo lo que sus operadores nos han robado...