Compañero de trabajo

... que si no te lo habíamos dicho antes ha sido, solo, porque te hubieras puesto insoportable. Todos nosotros –y todos aquellos compañeros que, como tú mismo en este momento, también debieron dejarnos– sabemos que solo hay algo que te guste más que las cosas bien hechas: ¡qué te lo digan!

 

La primera, como dependía de ti, la has conseguido con creces. Ahora sí, que podemos reconocértelo. De hecho, mereces que se te reconozca: has sido un modelo para todos nosotros y, si no usases corbatas de antes de la guerra de Cuba, todos deberíamos intentar imitarte. Corbatas –y el masaje Varón Dandy- aparte, eres un profesional extraordinario.

 

 

 

Compañera de trabajo

...como te conocemos, no tenemos dudas sobre una cosa: sabes que no es casual que, como regalo de despedida, tengas esta –y precisamente esta- botella de vino.

 

“El vino es la tierra en que nace”, repetías a menudo. “Tanto como las personas”, te contestaba yo, mientras tú movías la cabeza afirmativamente, concentrada en el sabor y en el perfume. Hoy, a punto de perderte como compañera de trabajo –todos queremos creer que solo será esta parcela, la que perderemos de ti-, la tristeza y el anticipo de nostalgia que hemos recibido con la noticia nos han hecho reconsiderar lo que decías y, por una vez, vamos a contradecirte en el terreno que mejor conoces y que más frutos te ha dado: el del vino.

 

Hoy, después de que todos, espontáneamente, hemos dibujado tu propio enjaretado de colores, aromas y notas, hemos descubierto que las personas, como el vino, cuando destilan franqueza, compañerismo y ganas de compartir alegría pasan a pertenecer, también, a la tierra que disfruta de ellas. Hoy hemos descubierto que, de alguna manera, has pasado a formar parte, para siempre, de nuestra tierra y de nuestras vidas.

 

¿Qué  hay de ti, en esta botella?