Sé que tienes razón y que quince años no se borran así, simplemente anunciando mi vuelta. Nadie va a devolvernos este tiempo y –vuelves a tener razón- nadie puede imponerte mi compañía. Ni siquiera mi proximidad.

 

No obstante, si me lo he planteado –y si te lo he propuesto- ha sido porque sé que eres una persona justa y sé también que no permites que te cieguen sentimientos menores. El día que me fui eras tan consciente como yo de la necesidad que nos ahogaba -no solo a nosotros: a toda la familia- y, de no haberme ido yo, lo hubieras hecho tú.

 

Poco llegué a conocerte si tu honestidad te ha de permitir decidir en función de la amargura que nos ha dejado este tiempo y no en función del esfuerzo que, lo sabes perfectamente, ha sido mutuo.

 

Estos años me han enriquecido y no solo en dinero; a través de la soledad he aprendido el valor de la fidelidad...