Familia de acogida (vacaciones)

... independientemente de que nos “maileemos” cada día, ahora que además de físicamente empiezo a aterrizar psicológicamente y puedo saborear con suficiente neutralidad lo que han sido estos días en vuestra casa, quiero también escribirte con tranquilidad y te agradeceré que transmitas a tu familia –y muy especialmente a tus padres- la sensación de privilegio que me ha quedado después de ganar el premio de vuestra hospitalidad.

 

Todavía es pronto para hablar de nostalgia y de un vacío impreciso que no me permite dejar de pensar en vosotros, en las comidas en que nos reuníamos todos, en un lugar desconocido que habéis convertido en mi propia casa. Si cayera en esta trampa perdería la oportunidad de iniciar el balance de las cosas positivas que he encontrado al deshacer el equipaje. Quiero hablar de magia, de cómo un lugar tan lejano y unas gentes –aparentemente- tan distintas pueden llenar mi maleta y mi corazón de fantasía.

 

 

Familia de acogida (estudios)

... que sois una pasada!

Aquí, además de decirme que soy un pesado –porque no paro de hablar de vosotros-, la gente me dice que exagero, que no existe una familia tan perfecta.

- “¿El perro también?”, preguntan.

- “El perro, también”, contesto. ¡Y no se creen que incluso Flechita lloraba, cuando me iba!

¡Y no vuelvas a decir que son imaginaciones mías!

 

Di a tus padres que os echo muchísimo de menos, por favor. Explícales que cada vez que cuelgo o descuelgo la camisa que me regalaron el día de mi marcha recuerdo el olor a bosque de los armarios de tu casa; que cada vez que me tomo un café recuerdo la admiración que sentía al veros a todos sonreír de buena mañana, ilusionados por el mero hecho de desayunar juntos; que cada vez que escucho un grito, que alguien se agobia por el tráfico o que hay quejas por el mal estado de todo recuerdo la armonía...