El estilo CLÁSICO responde al esquema tradicional de la carta, con un encabezamiento (lugar, fecha y fórmula de cortesía), un conjunto de párrafos estructurados y alguna fórmula de despedida/cierre.

 

Si desea una carta o cualquier otro documento con un estilo PERSONALIZADO, este esquema puede verse modificado, especialmente en lo que respecta a la estructura de los párrafos y a su disposición a lo largo de la carta. El ejemplo más habitual es una carta en la cual cada párrafo comienza con una letra específica, de manera que el conjunto forme el nombre del remitente, del destinatario, una fecha, etc.

 

Cuando hablamos de NUESTRO ESTILO nos referimos a una carta en la que las ideas se transmiten sin someterse a ninguna norma. Se da absoluta preferencia al impacto que cada frase deba tener en el destinatario. Solo se recomienda para textos muy especiales (véase, por ejemplo, la felicitación incorporada en el apartado “Notas. Comunicaciones breves”)

Puede incluir diversos formatos de letra, colores o, incluso, imágenes.

 

 

...borrarte del pensamiento y de la memoria. Lo había conseguido, o eso pensaba, porque ahora, cuando ya no recuerdo tu voz y me cuesta, también, dibujar tu sonrisa, he vuelto a soñar contigo.

¿Qué haces tú en mis sueños?

¿Por qué apareces sin avisar y te haces protagonista de escenas que no te pertenecen?

 

Después de todo este tiempo, después de tantas noches de insomnio y de pesadilla en que aparecías y reaparecías obligándome a revivir lo que fue nuestra vida, después de creer que ya había traspasado la frontera de tu recuerdo, vuelves como protagonista de imágenes que ni tú ni yo hemos vivido jamás.

 

 

... que lo pasé fatal y me costó mucho olvidarte. Por eso no acabo de entender que, sin más, regresen el despertarme en plena noche los pinchazos en el pecho.

 

Y no me ha pasado una vez, ni dos. Me pasa casi cada noche y, sin saber porqué, siento necesidad de escribirte, de hacértelo saber y, de alguna manera –y ya sé que es absurdo- de pedirte que pares, que desaparezcas... o eso es lo que creo.

 

Después de aquella época inacabable, de noches inacabables en que mi único anhelo era cerrar los ojos y  dormir para echarte de mi cabeza, vas y apareces precisamente cuando cierro los ojos y consigo dormir. I tú, que detestabas el mar, ¡apareces siempre dentro del agua!

No sé si te enviaré esta carta o si hablaré con alguien que pueda ayudarme. Ayudarme de verdad, quiero decir. Quizá sería justo que, si tú vienes a molestarme, yo también te envíe recuerdos, ¿no?