... dos razones: la primera, recordarte que dentro de quince días vuelve a ser el cumpleaños de tu madre. Sé que no te caigo bien, pero no me parece motivo suficiente para separarte de ella. Creo que solo he sido una excusa y que me has utilizado para disimular otras razones que no tienes el valor de plantearle.

 

Pero también es posible que me equivoque y, de cualquier manera, tienes toda la razón: no es cosa mía. Pero sí que lo es -aunque te revuelva las entrañas- el bienestar de tu madre, y por eso no le faltará, como no le ha faltado desde que vive conmigo, una fiesta como se merece, con sus amigos y con las personas a las que quiere.

Y a ti te quiere.

 

Por eso estás invitada y, si realmente el problema soy yo –y sólo yo-, será suficiente con que me digas cuándo quieres ir y yo desapareceré. O sea, que si es necesario nos repartimos el tiempo de la fiesta pero, por favor: haz todo lo que esté a tu alcance para venir, porque será el mejor regalo que reciba.

¡Ah!, tú a mi tampoco me caes bien.

 

 

La segunda razón...