... siempre pasa lo mismo, pero siempre volvemos a cometer el mismo error: es cuando nos damos cuenta de que estamos a punto de perder a alguien que comenzamos a apreciarle. Por lo menos a mí me pasa porque no ha sido hasta ahora que me he dado cuenta de todo lo que me has enseñado y de cuán fáciles han resultado las cosas mientras has estado a mi lado.

 

Sé que también es un error, pero me arrepiento de haberte llevado la contraria, de haber ignorado cosas que hacías o decías y de haber discutido contigo. Ahora –equivocadamente- pienso que si hubiese valorado tu buena voluntad en lugar de considerarla simple afán de ganar terreno quizás no te irías y quizás hubiéramos hecho cosas más grandes.

 

Sé que puede parecerte infantil, pero todavía no te has ido y ya siento alguna forma de vacío. Y siento, también, una necesidad que me supera de decírtelo y de confesar que, seguramente, ignorarte como tan a menudo –demasiado a menudo- te he ignorado no era sino una manera estúpida de intentar llamar tu atención.