... que ni yo mismo lo sé, por qué me fui.

 

A veces, cuando me siento positivo y intento dar sentido, como mínimo, al pasado –el presente se muestra arisco, aún-, alimento este vacío con la idea de que no alargar más una relación que nos estaba haciendo daño a los dos era el único gesto leal que yo podía hacer.

 

Otras –las más-, pienso que esta autoinvestidura de generosidad no es más que una capa de humo con la que intento esconder el miedo y no avergonzarme más con la sensación de cobardía que repetidamente agría mi garganta.

 

Por desgracia, tanto la cobardía como el egoísmo son rasgos que, cada vez más a menudo, me muestra mi propia caricatura. Cada día más me miro por dentro y pienso...